
El negocio del resentimiento: cómo la frustración social se transformó en capital político.
La Intolerancia como Estética
Hoy, la cultura política y mediática se rige por un axioma alarmante: no se debate para transformar, se etiqueta para eliminar. La diferencia, que en una democracia funcional debería ser un motor de creatividad y síntesis, se ha transformado en un delito simbólico.
Observemos la superficie: “ser de izquierda” o “ser de derecha” ha dejado de ser una posición ideológica bien articulada para convertirse en una identidad emocional que debe ser defendida a toda costa, a menudo con la misma intensidad con la que se ataca al “enemigo”.
La pregunta guía, y el punto de partida de nuestro análisis, es: ¿cuándo dejamos de pensar para debatir y empezamos a cancelar para sentir que tenemos razón?
El Ciclo de las Modas Ideológicas
Las ideas políticas, en esta era de hiperconectividad, funcionan peligrosamente como tendencias: nacen, se expanden, se imitan y, rápidamente, se descartan cuando pierden su atractivo viral.
La izquierda, en muchos sectores, pasó de representar la contracultura y la crítica al poder a convertirse en una suerte de nuevo establishment cultural, que ejerce la “corrección política” con una rigidez a menudo dogmática. El riesgo aquí es confundir una agenda de justicia social con una postura de superioridad moral.
La derecha ha transitado un camino similar, pero inverso. Hoy se disfraza de “rebeldía” frente a la corrección política percibida. Su atractivo radica en presentarse como la voz de la frustración de clases medias desencantadas.
El verdadero campo de batalla no es el Congreso, sino la pantalla: las redes sociales, con sus algoritmos, premian sistemáticamente la furia, el exabrupto y la polarización, no la reflexión o la complejidad.
- ¿Quién decide qué pensamiento es legítimo en este ecosistema?
- ¿Cuándo la rebeldía se transformó en un simple producto de mercado, listo para ser consumido en forma de meme o tuit?
- ¿Qué queda del debate genuino cuando toda idea debe ser “viral” para existir?
De Marx a Milei: La Mutación y el Negocio del Conflicto
Para comprender esta dinámica, es vital repasar cómo evolucionó el conflicto central de la política:
- Siglo XX: El eje era claro: izquierda vs. derecha, capital vs. trabajo, libertad vs. igualdad.
- Post-Guerra Fría: Se proclamó el “fin de la historia”, generando una profunda crisis de sentido político y desafección con la democracia liberal.
- Siglo XXI: El desencanto con las instituciones da luz al populismo.
En este contexto de vacío ideológico, la izquierda se enfocó fuertemente en la agenda de la identidad y el lenguaje (el fenómeno conocido como ideología woke). Esta agenda, aunque nacida de causas legítimas de justicia social, generó una percepción de rigidez dogmática y excesiva corrección política.
Esta rigidez, sumada a la frustración económica, abrió una brecha que fue capitalizada con maestría: si la izquierda se convirtió en el establishment cultural, la nueva derecha se presenta a la juventud desencantada como el verdadero espacio de la rebeldía anti-sistema.
Así, surge el libertarismo con una fuerza renovada. Combina discursos de defensa extrema de la libertad individual y el libre mercado con prácticas de exclusión simbólica.
La tesis central de Ya lo vas a entender se consolida aquí: El libertarismo actual no es primariamente una renovación profunda de ideas, sino una estrategia de mercado ideológico que comercializa la rabia y el resentimiento acumulado de las clases medias frustradas. El nuevo enemigo ya no es el Estado o el capital; es el otro que piensa distinto, la persona etiquetada como “progre”, “zurdo”, o “casta”. Aquí, la frustración social se capitaliza en forma de apoyo político
La Nueva Caza de Brujas: Del Macartismo al Algoritmo
El macartismo del viejo siglo perseguía comunistas y disidentes a través de las instituciones estatales; el nuevo sistema opera a través de la masa conectada. La herramienta no es la lista negra del gobierno, sino la cancelación pública, el escarnio digital y la manipulación emocional a escala masiva.
Lo paradójico es que esta intolerancia se ejerce tanto desde la caza de la izquierda —donde se busca deslegitimar cualquier postura progresista como “dogmática” o “inútil”— como desde el sector de la nueva derecha (con su lógica de tierra arrasada contra lo “políticamente correcto”). Ambos lados justifican la exclusión en nombre de una pureza moral o ética superior.
- ¿Hay realmente una salida del pensamiento binario que nos empobrece?
- ¿Puede la izquierda reconstruir su sentido ético sin caer en el dogma y sin la rigidez que impulsó el rechazo juvenil?
- ¿Podrá el pensamiento de derecha recuperar su profundidad filosófica sin disfrazarse de meme reaccionario?
Repensar el Espacio Común
Necesitamos con urgencia recuperar la política como un espacio de desacuerdo civilizado. La democracia no se trata de lograr un consenso total, sino de garantizar que el disenso sea respetado y que el conflicto se procese sin anular al adversario.
El verdadero acto de vanguardia, el gesto que podría ser verdaderamente revolucionario hoy, no es tener razón de forma incuestionable, sino saber escuchar para comprender el origen y la legitimidad del dolor, el miedo o la frustración que alimenta la posición del otro.
La tarea de Ya lo vas a entender es recordarnos que solo al comprender la complejidad —y al negarnos a la estética de la cancelación y del negocio del resentimiento— podremos aspirar a un nuevo sentido común que no busque eliminar al otro, sino construir un espacio común que permita convivir con toda la diferencia.