Chile resetea el tablero: el triunfo del orden en la política pendular

Chile acaba de cerrar uno de los ciclos políticos más vertiginosos de su historia reciente. La victoria de José Antonio Kast en esta segunda vuelta no es un accidente ni una sorpresa para quienes venimos siguiendo el pulso de la calle más allá de Plaza Italia.

Es la confirmación de una ley no escrita en la región: la política latinoamericana funciona de manera pendular. Cuanto más fuerte es el impulso hacia un lado, más contundente es el regreso hacia el opuesto.

En nuestro análisis previo, “Chile en el Borde”, planteamos que esta elección no se definía por esperanzas, sino por urgencias. Las urnas —y el primer discurso del presidente electo— hablaron claro: ganó la demanda de orden.

1. Fatiga constitucional y realidad en las calles

Para entender este resultado hay que mirar dos factores que pesaron más que cualquier ideología, y que Kast supo leer con claridad en su alocución de victoria:

  • El hartazgo del “vivir votando”: La sociedad chilena llegó a las urnas con una evidente fatiga electoral. Después de dos procesos constituyentes fallidos que prometían transformaciones estructurales, el votante medio bajó la persiana a los grandes debates fundacionales. Se impuso el pragmatismo. Kast no prometió anoche “refundar la patria”, sino —en sus palabras— “hacer que el Estado vuelva a funcionar para la gente común”.
  • La crisis de seguridad: La inseguridad dejó de ser una “sensación térmica” para convertirse en una realidad palpable. Mientras el progresismo quedó atrapado explicando el fenómeno en clave estructural, Kast ofreció solucionarlo. Su frase más aplaudida anoche, “Se acabó el tiempo de los delincuentes, empieza el tiempo de las víctimas”, confirma que cuando el miedo a salir de casa es real, el discurso de garantías civiles pierde potencia electoral.

2. El eje Kast-Milei: Sintonía, pero no gemelos

El triunfo de Kast tiene réplicas inmediatas al otro lado de la cordillera. Con Javier Milei consolidado en Argentina y ahora un gobierno afín en Chile, toma forma un bloque en el Cono Sur que tensiona el liderazgo regional de Brasil.

Sin embargo, cuidado con las lecturas lineales. Aunque ambos celebrarán juntos, sus discursos de victoria revelan diferencias de fondo:

  • Milei ganó como un outsider con un discurso “anti-estado” y foco obsesivo en la macroeconomía.
  • Kast, en cambio, reafirmó anoche su perfil de derecha conservadora tradicional: apeló a “Dios, la Patria y la Familia”. Su foco está en el orden jerárquico y la autoridad, más que en la destrucción del Banco Central.

Son aliados tácticos, pero sus hojas de ruta internas son muy distintas.

3. Ganar no es gobernar

Kast llega a La Moneda con un mandato claro, pero con un país fracturado. Su llamado a la unidad en el discurso (“Gobernaré para todos los chilenos que quieren paz”) choca con dos realidades:

  1. El Congreso: Al igual que sucede en Argentina, el ejecutivo tendrá la lapicera, pero no la mayoría legislativa.
  2. La Calle: El 45% que no lo votó sigue ahí. Los movimientos sociales conservan su capacidad de veto, especialmente en la calle.

La paradoja es la siguiente: Kast fue elegido para traer paz y orden, pero si su agenda social es demasiado radical, podría reactivar la conflictividad que prometió apagar.

Conclusión

Chile ha decidido resetear su tablero. El país que intentó escribir la Constitución más progresista del mundo hace apenas unos años, hoy le entrega el mando a quien se opuso a todo ese proceso.

No es un cheque en blanco, es un mandato de eficiencia. Chile pidió orden. Ahora queda por ver si el nuevo presidente puede hacerlo sin romper la paz social.

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