
¿Es la dignidad humana el límite de la soberanía estatal?
El 3 de enero de 2026 quedará grabado como el día en que la geopolítica del siglo XXI rompió sus costuras. La imagen de Nicolás Maduro bajo custodia en Nueva York no es solo un evento policial de alto impacto; es el acta de defunción de un sistema de relaciones internacionales que, durante décadas, priorizó la forma (la soberanía de los Estados) por encima del fondo (la vida de las personas).
Sin embargo, en la euforia de la captura, corremos el riesgo de confundir el final de un hombre con el final de un sistema. Para entender este escenario, debemos profundizar en los pilares que sostienen esta crisis.
La soberanía no es un escudo para la atrocidad internacional
Durante años, el principio de “no intervención” fue la trinchera perfecta para el autoritarismo. Pero la legalidad internacional ha evolucionado. Como documenta el informe A/HRC/59/58 de la ONU, la situación en Venezuela no es una crisis política común, sino un sistema de persecución, detenciones arbitrarias y tortura institucionalizada.
El testimonio de Anaís Castro en Urbana Play no es una anécdota aislada; es la cara humana de los hallazgos técnicos del Alto Comisionado. Cuando un Estado utiliza sus fronteras para ocultar crímenes de lesa humanidad, rompe el contrato social que le da origen. La soberanía no es un derecho absoluto del gobernante, sino una responsabilidad de cuidado. Si el Estado se convierte en el agresor sistemático de su pueblo, pierde su inmunidad ante el mundo.
El vacío de la OEA y el “Justicierismo Unilateral”
La “extracción” de Maduro por fuerzas de EE. UU. es el síntoma del fracaso de la multilateralidad. Tras el fraude electoral de 2024, la Carta Democrática Interamericana fue el último recurso institucional, pero la parálisis deliberada de los Estados miembros la volvió inútil.
En política, los vacíos de poder siempre se llenan. Cuando los organismos regionales renuncian a administrar justicia, dejan el terreno libre para que potencias externas intervengan con sus propias reglas. El peligro es el precedente: si el multilateralismo no tiene “dientes”, la justicia del futuro será unilateral y sujeta a la agenda del más fuerte.
Argentina y la Jurisdicción Universal: El contrapeso moral
Mientras Washington juzga a Maduro por narcoterrorismo, surge desde el Sur una vía alternativa indispensable. La propuesta de la fiscalía argentina de pedir la extradición de Maduro por crímenes de lesa humanidad es el hito jurídico más importante de la región.
Apoyada en los hallazgos del informe de la ONU (A/HRC/59/58), Argentina recuerda que el banquillo debe ser por el plan sistemático de represión. Esta acción eleva el nivel de la discusión: evita que Maduro sea reducido a un “capo narco” y lo sitúa como el responsable de un aparato de terror. Es un recordatorio de que la libertad no puede ser solo un pacto de oficina; debe ser un proceso de memoria, verdad y justicia.
El tablero del “Realismo Sucio”: ¿De dictadura a protectorado?
El optimismo choca con la frialdad de la estrategia. La encuesta de DC Consultores muestra que el 86% de los venezolanos apoya la salida de Maduro, pero ese apoyo es un cheque en blanco nacido de la desesperación. El analista Andrés Malamud advierte que Venezuela corre el riesgo de pasar de una “dictadura cerrada” a un “protectorado tutelado”.
Las declaraciones de Marco Rubio confirman que EE. UU. está negociando con el “chavismo operativo” de Delcy Rodríguez. La “traición interna” analizada por A Medias Podcast sugiere que el sistema intenta reciclarse. Si Washington acepta estabilidad petrolera a cambio de mantener a los Rodríguez en Miraflores, la estructura represiva quedará intacta. En este escenario, Maduro sería el chivo expiatorio para que el régimen sobreviva.
En Resumen
El caso Maduro expone la urgencia de reformar un derecho internacional que hoy solo actúa cuando el daño ya es irreversible. La caída del tirano es un evento necesario, pero insuficiente si no viene acompañado de una reconstrucción institucional profunda.
La verdadera soberanía de Venezuela no llegará con un bombardeo ni con un pacto entre Washington y el “Delcinato”. Llegará cuando se abran las cárceles, regresen los exiliados y la ley de las víctimas pese más que la geopolítica de los barriles.
Justicia no es Libertad.
La libertad es un proceso que apenas comienza, y requiere que la sociedad civil y la región no bajen la guardia ante los nuevos dueños del poder.
🔍 Fuentes y referencias consultadas:
- Informe ONU (A/HRC/59/58): Situación de los DD. HH. en Venezuela.
- Testimonio: Anaís Castro en Urbana Play (05/01/26).
- Dato: Encuesta DC Consultores (Aníbal Urios).
- Legal: Fiscalía Argentina pide extradición (DW, 05/01/26).
- Análisis: “De dictadura a colonia”, Andrés Malamud (Nuevos Papeles).
- Podcast: “Maduro está preso, falta la libertad” (A Medias).
- Estrategia: Marco Rubio en ABC This Week.