Por Ya lo vas a entender 13 de enero de 2026

La captura de Nicolás Maduro en este inicio de 2026 no es solo material para los libros de historia ni una placa roja de último momento. Es el acta de defunción de una forma de entender la política regional que duró dos décadas. Sin embargo, si nos quedamos solo en la superficie —la de la caída de un régimen o el triunfo de un alineamiento— nos estamos perdiendo la mitad de la película.
Lo que estamos viendo es el paso de la épica ideológica a la termodinámica del poder: ese momento crítico en el que los sistemas dejan de sostenerse por fe y empiezan a colapsar por falta de energía. En geopolítica, los relatos pueden durar años, pero la física no perdona.
1. El colapso del pulmón energético
Como ya adelantamos en nuestro análisis sobre la crisis energética y el colapso sistémico, Venezuela no funcionó durante veinte años como un país tradicional, sino como una estación de servicio, ideológica. El régimen chavista no sostuvo a Cuba y a sus aliados caribeños con consignas; los sostuvo con barriles.
Hoy, ese flujo se cortó. Para Cuba, esto no representa una crisis de fe, sino una crisis de voltios. Sin el crudo venezolano, la isla no tiene cómo hacer girar sus turbinas. No es solo un problema económico, es un fallo estructural: podés controlar la información, pero no podés controlar la física. Sin energía, el control social se resquebraja. Cuba no está ante un “cambio de era” romántico; está ante un apagón sistémico que la obliga a elegir entre la “nicaragüización” (un cierre total y represivo) o la entrega pragmática a quien tenga el gasoil… sin hacer demasiadas preguntas.
2. América Latina: una región fracturada, no girada
Hay una tentación mediática de decir que la región “giró a la derecha”. Pero, como explicamos en nuestra pieza “América Latina no gira, está fracturada”, lo que vemos no es un movimiento coordinado, sino una ruptura profunda.
La caída del eje bolivariano no crea un bloque sólido, sino un archipiélago de intereses contrapuestos. Mientras Argentina celebra el alineamiento con Washington, Brasilia y Bogotá miran con recelo la intervención externa. No estamos ante una nueva “ola”, sino ante una fragmentación sistémica donde cada país intenta salvarse solo. En este escenario, el riesgo para la Argentina no es ideológico, sino la soledad diplomática en su propio barrio.
3. El dilema del “Sheriff” y la caja argentina
En este tablero roto, Argentina elige jugar a ser el mejor alumno de Washington. Pero el análisis serio nos obliga a mirar la caja:
- La deuda olvidada: Los USD 3.000 millones que Cuba nos debe desde la década del 70 ya no son una curiosidad histórica. Con vencimientos de deuda por USD 19.000 millones este año, cobrar esa cuenta —vía activos, energía o acuerdos— dejó de ser un capricho diplomático y pasó a ser una necesidad fiscal.
- Vaca Muerta al rescate: Se abre una oportunidad cínica pero real. El Caribe necesita energía y Argentina tiene gas. ¿Estamos listos para pasar de “enemigos ideológicos” a “proveedores estratégicos”? El mercado no tiene memoria; tiene necesidades.
Este no es un debate ideológico. Es un problema de energía, caja y poder real.
¿Estamos ante el nacimiento de una región más libre o simplemente ante un cambio de dueño en la billetera energética? Los sistemas diseñados para vivir de subsidios mueren cuando el subsidio se acaba. Venezuela fue el pulmón. Ahora que ese pulmón falló, Argentina busca posicionarse como el nuevo motor.
La pregunta final no es de principios, sino de capacidad real: ¿nos dará la nafta para hacerlo solos, o solo para intentarlo?