El gobierno que iba a matar la inflación la bajó al 2,6% mensual. Y lo celebra.
Por Ya Lo Vas A Entender | Mayo 2026
Javier Milei llegó a la Casa Rosada con una promesa que ningún gobierno argentino se había animado a formular con tanta crudeza: la inflación no se “controla”, se elimina. El diagnóstico era simple y seductor —el problema es el Banco Central, el problema es la emisión, el problema es el Estado— y la solución sonaba igual de simple: dolarizar, destruir la “maquinita”, cerrar el grifo. Dos años después, el Ministerio de Economía sale a celebrar que el índice de precios de abril marcó 2,6% mensual. El festejo dice más sobre el estado del debate público argentino que sobre el éxito de la política económica.
Lo que se prometió
El candidato Milei no prometió reducir la inflación. Prometió terminar con ella. La distinción importa. En sus apariciones de campaña de 2023, la dolarización se presentaba no como una opción entre varias sino como la única salida a un sistema monetario que consideraba intrínsecamente corrupto. El peso iba a “arder”. El Banco Central iba a “volar por los aires”. La retórica era maximalista por diseño: construir un mandato de cambio radical requería un diagnóstico igualmente radical.
Una vez en el poder, el maximalismo retórico chocó con la física política. La dolarización nunca se implementó. El Banco Central sigue en pie. Y el peso, lejos de arder, continúa siendo la moneda en la que cobran los trabajadores argentinos, una moneda que en 2025 acumuló una inflación del orden del 117% y que en lo que va de 2026 ya suma 12,3%.
El número que sí importa, y el que no se menciona
El 2,6% de abril es un dato real. También lo es que representa la desaceleración mensual más pronunciada en cinco meses. El gobierno tiene razón en señalarlo. El problema es el denominador que omite.
Una inflación mensual del 2,6% sostenida durante un año equivale, en términos de interés compuesto, a una inflación anual de más del 36% —36,07% exacto, para quien prefiera la precisión—. Las proyecciones del mercado para el cierre de 2026 oscilan entre 30,5% y 33%. En términos comparativos regionales, eso sitúa a Argentina como uno de los países con mayor deterioro sostenido del poder adquisitivo en el mundo. No en la región: en el mundo.
📌 Cita de Oro: “Dos años después, el gobierno que prometió eliminar la inflación celebra que bajó al 2,6% mensual. El problema es que el 2,6% mensual, anualizado, sigue siendo más del 36%.”
El mecanismo comunicacional que opera aquí es preciso: comparar siempre con el peor momento propio. Si la inflación llegó al 25% mensual en diciembre de 2023 —en parte como consecuencia del propio shock devaluatorio del gobierno entrante— cualquier cifra menor es un argumento de campaña. Lo que no se compara es el horizonte original: cero inflación, dolarización, fin del problema.
La promesa que muta
Hay un fenómeno político que merece nombre propio: la mutación de la promesa. Ocurre cuando un gobierno no abandona explícitamente su objetivo original sino que, gradualmente, redefine qué significa el éxito.
En el caso de la inflación argentina bajo la actual gestión, el proceso fue el siguiente. Primero: la meta era dolarizar y eliminar el problema de raíz. Segundo: ante la imposibilidad de dolarizar, la meta pasó a ser el equilibrio fiscal como condición previa necesaria. Tercero: logrado un superávit primario, la meta se reformuló en términos de “crawling peg” y desinflación gradual. Hoy, la meta de facto es que el IPC mensual esté por debajo del 3%. Ese número hubiera sido considerado un fracaso inaceptable en la narrativa de campaña de 2023.
Nada de esto implica que la desinflación no sea un logro parcial real. Lo es. Implica que el gobierno cambió los parámetros de evaluación sin que el debate público lo registrara con claridad suficiente.
Por qué la inflación argentina es tan difícil de matar
Hay una trampa intelectual en el análisis de la inflación argentina que afecta tanto a sus defensores como a sus críticos: creer que el problema es fundamentalmente monetario o fundamentalmente fiscal, cuando es ambas cosas y ninguna de ellas de forma exclusiva.
La inflación argentina tiene componentes de inercia (los agentes económicos fijan precios anticipando inflación futura, lo que la autoconfirma), componentes estructurales (la puja distributiva entre sectores que nunca se resolvió institucionalmente) y componentes externos (la dependencia de las exportaciones de commodities y la vulnerabilidad al tipo de cambio). Ningún gobierno desde el retorno democrático en 1983 logró resolver los tres vectores de forma simultánea y sostenida. El kirchnerismo lo negó con estadísticas intervenidas. El macrismo lo intentó con tasas de interés y fracasó. El gobierno actual lo enfrenta con motosierra fiscal y desinflación gradual.
Lo que merece señalarse con precisión es el instrumento que hoy opera como ancla nominal de facto: el crawling peg, la devaluación mensual administrada del tipo de cambio oficial a un ritmo de aproximadamente 2% mensual. El gobierno que llegó denunciando el “cepo”, la “emisión” y la “manipulación cambiaria” como causas de la inflación, gobierna hoy usando el tipo de cambio oficial como freno de precios —exactamente la misma herramienta que la tradición heterodoxa argentina utilizó por décadas con resultados conocidos. La diferencia de marco teórico entre las gestiones se achica cuando se mira el instrumento concreto. Eso no invalida la política; la contextualiza.
El 2,6% de abril no es la victoria. Es la evidencia de que el problema sigue ahí, cambiando de forma.
Conclusión: el costo de las promesas imposibles
Hay un costo político poco discutido en la promesa maximalista: cuando no se cumple, no solo falla el gobierno que la hizo. Daña la credibilidad de la política económica como herramienta en general. Si el gobierno “más liberal de la historia” no pudo dolarizar, si el ajuste más agresivo en décadas no eliminó la inflación, el ciudadano argentino incorpora una lección perversa: que nada funciona, que todo es relato.
📌 Cita de Oro: “El costo real de prometer lo imposible no es político: es epistémico. Cada promesa incumplida le enseña a la sociedad que las políticas económicas no sirven.”
Esa lección —más que cualquier dato del INDEC— es lo que vuelve al problema inflacionario verdaderamente crónico.
Ya Lo Vas A Entender — Análisis institucional y político para lectores que quieren entender, no solo informarse.