
Argentina volvió a hacer lo que mejor sabe: sorprenderse de sí misma. En doce meses transitó un recorrido marcado por reformas aceleradas, conflictos institucionales, mercados impacientes, repuntes parciales y retrocesos inmediatos. La sociedad vivió cada semana como si fuera un capítulo definitorio de su futuro. No fue un año lineal; fue una montaña rusa sin barandas.
El Vértigo Político: Shock y Negociación
En política, el gobierno impulsó un programa de shock que combinó la Ley Bases, el paquete fiscal, la reorganización del Estado y un nivel de confrontación permanente. Cada avance legislativo fue seguido por tensiones con aliados circunstanciales, mientras la oposición osciló entre la resistencia frontal y la negociación selectiva.
- El Congreso: Tuvo meses de protagonismo inusual, con mayorías que se armaban y desarmaban con precisión quirúrgica.
- La Justicia: La Corte operó a prudente distancia, interviniendo solo en momentos de alto voltaje institucional.
La Paradoja Económica
En la economía, el año fue una mezcla de señales dispares.
- Lo bueno (para la macro): La inflación retrocedió de manera notable y el riesgo país bajó, validando el ajuste fiscal.
- Lo difícil (para el bolsillo): La recesión avanzó con velocidad y el ajuste se sostuvo sobre una pérdida del poder adquisitivo que frenó el consumo.
En el medio, el dólar tuvo momentos de calma tensa y otros de sacudón previsible, recordándonos que en Argentina la tranquilidad siempre es apenas una pausa entre dos sobresaltos.
El Humor Social: Paciencia y Bronca
La sociedad atravesó su propio recorrido emocional. Hubo etapas de apoyo mayoritario (“esperanza de cambio”) y momentos de desgaste profundo ante la realidad del ajuste.
Lo más enigmático de 2025 fue la paciencia sorprendente. En algunos tramos, la bronca se mezcló con una espera silenciosa, como si buena parte de la sociedad quisiera que el proceso termine de cuajar antes de juzgarlo por completo. Es la dualidad argentina: sentir que estamos al borde de la recuperación y al borde del colapso al mismo tiempo.
El Loop de los Actores de Siempre
- Sindicatos: Alternaron entre movilizaciones masivas y negociaciones silenciosas.
- Gobernadores: Probaron estrategias de “colaboración calculada” y “resistencia por goteo” para defender sus cajas.
- Partidos: El peronismo transitó una crisis de identidad y representación, mientras Juntos por el Cambio se fragmentó en la disputa por su lugar en la era pos-Macri.
Conclusión: El desafío de la identidad
Este año dejó una evidencia: el país vive atrapado entre dos narrativas extremas —la “refundación” y el “precipicio”— y oscila entre ellas con la naturalidad de quien ya se acostumbró al vértigo.
La montaña rusa no es una metáfora exagerada; es la forma en que Argentina procesa su identidad. El desafío para 2026 es intentar lo que casi nunca hacemos: sostener un rumbo sin depender del dramatismo, construir consensos sin esperar un milagro y dejar de medir la realidad según el tono emocional de la semana.