El fin de una era en Bolivia

Bolivia cerró un ciclo político de casi veinte años. El triunfo de Rodrigo Paz Pereira no solo saca al MAS del poder, sino que pone al país frente a un espejo: el modelo se agotó y la ciudadanía exigió un cambio. Pero el nuevo gobierno recibe un mandato tan claro como complejo: tiene la legitimidad para reformar, pero muy poco margen de error.

El domingo 19 de octubre de 2025 no fue una elección más en Bolivia. Fue el cierre definitivo de un ciclo que comenzó en 2005, cuando la llegada de Evo Morales al poder reconfiguró las bases simbólicas, sociales y económicas del país. Hoy, casi veinte años después, el triunfo del centrista-derechista Rodrigo Paz Pereira (54,5%) no solo marca el fin de la era del Movimiento al Socialismo (MAS), sino que constata su agotamiento.

El MAS no perdió solo una elección: perdió el monopolio del relato nacional.

Para entender este colapso, hay que mirar más allá de las fracturas internas del partido gobernante. La Bolivia que llegó a las urnas es un país asfixiado. Con una inflación que roza el 25%, reservas internacionales en niveles críticamente bajos, un déficit fiscal persistente y problemas crónicos para conseguir combustible, el descontento popular superó a la lealtad ideológica. El MAS, que durante años gestionó la abundancia del boom de los commodities , no supo gestionar la escasez.

El desafío de gobernar la expectativa.

En este escenario, ¿qué significa realmente el triunfo de Paz Pereira?

En la segunda vuelta, el electorado optó por la versión más moderada (Paz) frente a la más radical (Quiroga) del mismo campo ideológico. Lo que se votó no fue un programa económico cómodo, sino la urgencia de salir del ahogo. Es un mandato de “basta de lo mismo”, un pedido desesperado de orden y gestión.

Aquí es donde empieza el verdadero desafío. Paz Pereira llega con la promesa de un “capitalismo para todos”, pero hereda una bomba de tiempo. Las expectativas son altísimas y la paciencia, cortísima.

El nuevo presidente enfrenta, desde hoy, una triple encrucijada:

  1. La Economía: La gente espera soluciones rápidas. Pero las medidas que propone Paz (reducción de subsidios, apertura a la inversión) tienen costos sociales altos en el corto plazo. Esto plantea la pregunta clave: ¿Podrá Paz evitar que su capital político se consuma más rápido que sus reservas internacionales?
  2. La Gobernabilidad: El MAS está fuera del Ejecutivo, pero no ha desaparecido. Paz se enfrentará a un Congreso fragmentado donde no tendrá mayoría automática. Para implementar su agenda de reformas (minería, gas, ajuste fiscal), necesitará alianzas. Si el Legislativo lo bloquea, la frustración puede volcarse rápidamente a las calles.
  3. Los Movimientos Sociales: ¿Qué harán los poderosos movimientos indígenas y campesinos, columna vertebral del MAS durante 20 años? Ahora se encuentran en un rol opositor o, al menos, de “negociación crítica”. Si el nuevo gobierno no sabe incluirlos o gestionar sus demandas (tierra, recursos, coca), pueden convertirse en un foco de resistencia y desestabilización permanente.

El nuevo tablero regional

Finalmente, la victoria de Paz reconfigura el mapa geopolítico. Bolivia abandonará previsiblemente el bloque de la izquierda latinoamericana tradicional para buscar un mayor alineamiento con Occidente y los organismos multilaterales, en busca del financiamiento que necesita con urgencia.

Este movimiento abre interrogantes clave para toda la región:

  • ¿Cómo impacta esto en la geopolítica sudamericana?
  • ¿Qué significa este realineamiento para la relación de Bolivia con vecinos clave como Brasil (Lula), Chile (Boric) o Argentina?
  • ¿Estamos viendo el fin de un ciclo regional o solo un reacomodamiento pragmático en busca de financiamiento?

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