La Paradoja del Voto Argentino: Cuando la Emoción Desborda el Interés

Cuando la Emoción Desborda el Interés

El resultado de las elecciones generales de octubre de 2023 en Argentina es un prisma perfecto para estudiar la fractura entre el voto racional (el cálculo de costos y beneficios, el interés económico) y el voto emocional (la bronca, la esperanza, el miedo). En un contexto de crisis económica persistente, el electorado argentino demostró que su decisión en la urna se ha vuelto mucho más compleja que una simple evaluación de gestión.

La hipótesis es simple pero poderosa: en la Argentina de la polarización extrema y la frustración crónica, la adhesión o el rechazo afectivo se impuso al dictamen frío de la billetera.


El Votante Racional vs. El Elector Afectivo

La ciencia política nos enseñó sobre el “votante racional”, aquel que castiga al gobierno por la inflación y la pobreza, buscando maximizar su utilidad económica. Sin embargo, la realidad de octubre desafió esta lógica:

  • El Interés Racional fue insuficiente: Con una inflación interanual desbocada (superando el 140%) y la pobreza cerca del 45%, el interés dictaba un castigo histórico al oficialismo. Si el voto hubiera sido puramente retrospectivo, el resultado de las PASO se habría replicado y profundizado, dejando al oficialismo fuera de la competencia. No ocurrió.
  • La Emoción fue decisiva: El “sorpresivo” primer puesto de Sergio Massa en las generales fue la demostración de la plasticidad del voto afectivo. Tras capitalizar la “bronca” con un voto antisistema en las PASO, Massa logró pivotear en octubre para activar el “voto miedo” frente a la propuesta disruptiva de Javier Milei, prometiendo una “esperanza de estabilidad” relativa.

El voto dejó de ser solo una evaluación de la economía para convertirse en una elección de pertenencia y, sobre todo, de protección. La pregunta clave ya no era “¿cómo estoy hoy económicamente?”, sino “¿qué futuro me genera más pánico o más seguridad emocional?”.


Dos Ángulos para Entender la Disociación

Para ir más allá del debate superficial, propongo dos ejes de análisis que explican esta desconexión entre el bolsillo y la urna:

1. La Fatiga de la Racionalidad y la Economía Emocional

Una crisis que se extiende por décadas produce una “fatiga cognitiva” o “fatiga de la racionalidad” en el votante. El cálculo constante de la hiperinflación y el desgaste del poder adquisitivo genera un burnout psicológico.

  • El dato: El elector ya no solo calcula el costo del dólar, sino que pondera la dignidad y la esperanza.
  • La Reflexión: Cuando el escenario económico es percibido como un desastre inevitable bajo cualquier signo político, el elector prioriza cualquier propuesta que prometa un quiebre emocional con el ciclo de frustración. Esto explica cómo narrativas radicales (la motosierra) o de establishment (el mal menor) logran que el sentimiento de control o la promesa de orden se impongan al dato duro de la pérdida de poder.

2. La Polarización Afectiva como Mecanismo de Voto

La polarización argentina ya no es principalmente ideológica (de ideas o políticas), sino afectiva (de personas, de identidad y de rechazo).

  • El Rechazo Mutuo: En octubre, muchos electores votaron en contra del adversario tanto o más que a favor del propio candidato. El “voto miedo” no era una adhesión genuina al oficialismo, sino un rechazo visceral a la alternativa presentada como un “salto al vacío”.
  • La Consecuencia: Esta polarización afectiva subordina el interés racional. El elector puede estar sufriendo el ajuste, pero si su bronca o su miedo al “otro” político es mayor, votará en contra de su propio cálculo económico de corto plazo.

Preguntas para Profundizar el Debate

La lección de octubre es que las fuerzas políticas deben comprender la geografía emocional del electorado. ¿Cómo construir un mensaje de “interés racional” que logre desactivar o encauzar esa “bronca” emocional?

  • ¿De qué manera los líderes políticos capitalizaron el agotamiento psicológico de la población argentina frente a la crisis, y cómo este burnout impactó en la preferencia por narrativas radicales o polarizantes?
  • ¿Podría la disociación entre interés y emoción explicar la alta volatilidad electoral vista entre las PASO y las generales? ¿La sorpresa de octubre fue un pico de racionalidad del miedo o un rally de esperanza pragmática?

El desafío para el análisis es dejar de ver al voto solo como un balance de gestión y empezar a entenderlo como un fenómeno psicosocial donde la frustración, el enojo y el miedo son variables económicas tan relevantes como el PBI.

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